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Voces de Hopkins: Dr. Charles Cummings
Jefe del Departamento de Otorrinolaringología - Cirugía de Cabeza y Cuello en Johns Hopkins.
El Dr. Charles Cummings recibió su formación en la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard y el Massachusetts Eye and Ear Infirmary de Boston, y desempeñó el cargo de Presidente de la Universidad de Washington en Seattle durante 14 años antes de incorporarse a Hopkins el día de Año Nuevo de 1991. Como buen fanático del béisbol, pasatiempo nacional de los estadounidenses, Cummings dice que llegar a formar parte de Hopkins y el Departamento de Otorrinolaringología hoy considerado el más completo del país, fue su oportunidad de jugar en las grandes ligas, “en el estadio de los Yankees”. Hace unos días conversamos con él acerca de cómo ha evolucionado la otorrinolaringología en el transcurso de los últimos 35 años, y cuál es su perspectiva respecto a esta especialidad en Hopkins actualmente y en el futuro.
¿Qué es lo que inicialmente lo atrajo al campo de la otorrinolaringología?
Finalmente encontré una especialidad que daba lugar a que un cirujano pudiera tener continuidad de la práctica con sus pacientes en el transcurso del tiempo. Las personas que tienen problemas como tumores malignos en la cabeza y el cuello requieren monitoreo continuo, de ese modo hay una interacción mutua y pueden establecerse lazos de verdadera amistad.
¿Y desde su perspectiva de cirujano de cabeza y cuello?
Es un área extremadamente complicada y compleja para operar. La anatomía se encuentra comprimida, hay un enorme número de estructuras vitales dentro de un pequeño espacio. Pero siempre me ha fascinado ese reto.
¿Cómo caracterizaría entonces la práctica de la otorrinolaringología?
Era, y continúa siendo, una pequeña parte de la medicina, a diferencia de la gineco-obstetricia o de la cirugía general. Hoy en día, sólo cerca de dos por ciento de los médicos se dedican a la otorrinolaringología. Sin embargo, para aquellas personas que sufren afecciones de la cabeza y el cuello, esta especialidad tiene un impacto tremendo.
¿De qué manera?
Bueno, actualmente hay una mejor comprensión, y más profunda, de las causas de los cánceres de la cabeza y el cuello y de sus tratamientos. Gracias al perfeccionamiento de la tecnología de la imagen, de las modalidades de anestesia y, por supuesto, de la reconstrucción quirúrgica, la supervivencia y calidad de vida de los pacientes ha mejorado en forma radical. Además, por medio de la colaboración con los oncólogos y los terapeutas de radiación, y, últimamente, con los genetistas y los biólogos moleculares, este campo realmente está marcando una gran diferencia.
Acaba de mencionar la biología molecular, ¿qué es lo que está ocurriendo en este campo?
Tenemos la dicha de contar con recursos valiosísimos en nuestro Laboratorio de Investigación Biológica en la Cabeza y el Cuello, dirigido por Dave Sidransky, Joe Califano y Wayne Koch. Estos investigadores, junto con muchos otros, están haciendo un trabajo pionero en la detección temprana de tumores y su potencial de recurrencia. Además, han abierto las puertas a la posible modificación de genes en pacientes que tienen predisposición genética a la enfermedad.
¿Podría ampliar un poco más al respecto?
Mediante pruebas muy sencillas de saliva, esputo y sangre han podido determinar que hay posibilidad de que los pacientes puedan protegerse de sufrir ciertos cambios genéticos que ocurren a lo largo del camino hacia el desarrollo de los cánceres en la cabeza y el cuello. A través de un proceso de selección y el seguimiento de estos pacientes, tal vez nos sea posible intervenir en una etapa muy temprana, antes de que los tumores sean aparentes. Tal vez inclusive lleguemos a ser capaces de hacer desaparecer esa predisposición.
¿Qué implicaciones tiene esto?
Enormes implicaciones, porque hay médicos en el mundo entero que quisieran poder contar con una prueba como ésta, que probablemente gozaría de una aceptación similar a la que tiene la prueba de PSA para el cáncer de la próstata. Su potencial de aplicación es tremendo, incluso para aquellos pacientes que viven en países menos privilegiados.
¿Vislumbra algunos otros avances importantes?
Desde luego que sí. Lloyd Minor, definió en forma muy elegante y clásica el síndrome del canal vestibular. Identificó que la causa del problema era la pérdida ósea en el canal semicircular y lo documentó. Desde ese entonces ha estado operando pacientes con el propósito de restaurar el hueso y ha confirmado que los síntomas de los pacientes efectivamente desaparecen. Otro ejemplo es la prótesis coclear, que estaba en una etapa embrionaria cuando yo era todavía estudiante. Actualmente se ha convertido en una modalidad ampliamente aceptada para tratar al paciente con sordera profunda. Hoy en día estamos siendo testigos de la miniaturización de los instrumentos quirúrgicos, a tal punto que nos permiten utilizar cámaras diminutas para visualizar áreas que hasta ahora eran inaccesibles. Estos pequeños aparatos han permitido producir profundas mejoras en la cirugía de los senos nasales y de la laringe, por mencionar algunas. Puede inclusive que los otorrinolaringólogos vean en el futuro una prótesis vestibular en miniatura.
¿Hay algún adelanto con relación al área del olfato?
La pérdida del sentido del olfato causada por la sinusitis crónica es un problema bastante difundido, pero es muy poco lo que se ha hecho para determinar su etiología. Tengo la impresión, sin embargo, de que Andy Lane, un consumado cirujano e investigador en el área, verdaderamente le ha encontrado la vuelta. Mi sospecha es que muy pronto surgirán de nuestro equipo observaciones que tendrán gran impacto y posibles tratamientos.
¿Qué es lo que le da esa confianza?
Este Departamento es verdaderamente único, cuenta con una multitud de profesionales sumamente talentosos en cada una de las dimensiones que abarca la especialidad. Como tal, podríamos tener una constante situación de perros y gatos, pero es todo lo contrario, aquí hay un ambiente de mucha colaboración. Parte de mi trabajo es reclutar personas que contribuyan a mantener esta clase de ambiente. Además también estamos formando científicos clínicos para que puedan convertirse en líderes dentro de la especialidad. En los últimos diez años, más del cincuenta por ciento de nuestros residentes decidieron permanecer dentro de la enseñanza de la medicina, y ocho miembros del cuerpo académico han sido nombrados presidentes de otros centros médicos.
¿Esa colaboración se extiende fuera del Departamento?
Con toda certeza. Nuestro Centro de Deglución es un excelente ejemplo. A lo largo del proceso que abarca desde el diagnóstico hasta el tratamiento, nuestros docentes interactúan a la perfección con neurocirujanos, traumatólogos, radiólogos y cirujanos generales. Existe también gran actividad de colaboración con el nivel clínico y el nivel de las ciencias básicas. Esto explica por qué nuestro Departamento es el número uno en recibir fondos para investigación de los Institutos Nacionales de Salud (National Institutes of Health, o NIH, por su sigla en inglés), y por qué la revista U.S. News & World Report nos ha nombrado el mejor Departamento de Otorrinolaringología del país año tras año.
¿Qué es lo que depara el futuro?
Una de las próximas fronteras a conquistar por la otorrinolaringología es aumentar aún más el enfoque en la gestión de los desórdenes vestibulares, es decir, los mareos. También se vislumbran en el horizonte nuevos tratamientos para los desórdenes del olfato, algunos tienen que ver con los factores relacionados con el crecimiento de nervios. Los factores que atañen al crecimiento de nervios desempeñarán un papel preponderante en la rehabilitación de pacientes que padecen de desórdenes de la audición, faciales, laríngeos y también vestibulares. También creemos que la biología molecular va a jugar un papel mucho más grande en el diagnóstico y manejo de los cánceres en la cabeza y el cuello. Por último, una de nuestras metas cruciales sigue siendo que este Departamento se constituya en el núcleo principal desde donde pueda lanzarse un ataque contra los cánceres en la cabeza y el cuello en el mundo entero.
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